Paneles solares en las sierras Comechingones

En el día de la Bandera nacional y horas antes de comenzar el invierno, tres familias rurales que viven en el filo de las Sierras de los Comechingones, a 2.200 metros de altura y a tres horas a caballo del primer poblado con servicios básicos, tuvieron un inesperado cambio en su calidad de vida: les instalaron un equipo solar con batería que da luz a cada habitación, conecta la radio, carga celulares y computadoras.

Estos solitarios criadores de hacienda, ovejas y cabras dejaron atrás más de tres décadas de alumbrarse con velas y faroles, el costoso uso de pilas descartables y de incomunicación con familiares y seres queridos.

Se trata de un equipo que provee sin cargo el Ministerio del Campo a aquellos pobladores que viven en las zonas denominadas “oscuras” de la provincia y donde la línea eléctrica aún está lejos de llegar. Esta moderna tecnología, que consta de paneles solares y baterías que no necesitan mantenimiento, ya funciona en más de 2.480 hogares.

Julián Nievas ingresó a una habitación para ocultar sus lágrimas cuando vio encender una lamparita en la puerta de su casa de piedra, donde vive hace más de treinta años dedicado a la cría de cabras y ovejas: “El año pasado vendí las 150 chivas porque con mis 75 años ya no puedo cuidarlas; me quedé con sesenta vacas que vacuno con la ayuda de mis nietos que vienen desde Cortaderas”.

Para llegar a estas viviendas hubo que subir hasta la cumbre del Comechingones por el camino del mirador de Merlo y desde allí unas dos horas por huellaspajonales y piedras hacia el sur, hasta alcanzar una imponente explanada de granito, donde quedaron las camionetas para caminar 40 minutos con la pantalla y demás implementos al hombro, más la batería de sesenta kilos que fue en el lomo de un caballo.

Trasladados en tres equipadas camionetas 4 por 4, hasta allí llegó un grupo integrado por el intendente de Cortaderas, Juan Ramón Aparicio; el jefe del Programa Arraigo Rural, Juan Pablo Suárez; el jefe del Subprograma Calidad de Vida Rural, Diego Canta; María Elena Nieva, una de las cinco  hijas de don Julián que ahora vive en Tandil; los instaladores contratados por el Ministerio del Campo, Gringo y Ricky; familiares del intendente, los experimentados choferes Martín, de San Luis, y quien sólo se hace llamar “Rambo”, de Merlo, más un enviado de Revista El Campo.

Don Nievas vive en un sector conocido como “Los Pircados” y su casa recientemente recibió la ayuda solidaria del intendente Aparicio, quien llegó con un grupo de doce voluntarios a caballo y le cambiaron el viejo techo de paja y barro por otro de chapa con cielorraso de madera y aislante para los crudos inviernos. Pero no fue el único regalo, ya que su hija María Elena llegó con una cocina nueva que funcionará con una garrafa que traen a lomo de mula desde Cortaderas: “Mi padre se pone muy alegre cuando recibe visitas, pero no quiere dejar esta casa para vivir en el pueblo y menos ahora que tiene luz”.

Para llegar a la segunda casa que recibiría la pantalla solar hubo que retroceder durante hora y media hasta llegar al establecimiento “La Gringa”, donde crían ovejas y vacas doña María Ávila, Valentín Amado Aparicio, de 70 años y Micaela Macarena de 20.

Fuente: el diario de la república

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