Por qué es tan polémico este default

A muchos argentinos les cuesta tomar posición sobre la negociación con buitres y el default. Consecuencia natural de un tema complejo, plagado de matices, con aspectos a favor y en contra del Gobierno
La fallida negociación con los fondos buitre y el consecuente default generan, naturalmente, voces a favor y en contra del Gobierno. Ocurre, por supuesto, con cualquier tema político o económico de cierta importancia.

Pero en esta oportunidad es probable que una gran cantidad de argentinos no tenga una clara posición al respecto. Más aún, es probable que cuanto más se informe sobre lo que está sucediendo, más difícil le resulte tomar una postura frente al Gobierno.

Es que se trata de un tema complejo, lleno de cuestiones legales, financieras, económicas y políticas, que generan polémicas incluso entre expertos, plagado de matices que dan lugar a análisis desde distintos puntos de vista, y encima con el Gobierno reaccionando de un modo difícil de anticipar.

Tan complejo y plagado de matices, que podrían elaborarse listados con tantos elementos a favor y en contra del Gobierno que puede resultar difícil procesarlos para extraer una postura definida, a favor o en contra.

Por ejemplo, podrían citarse como elementos a favor del Gobierno:

a.- El fallo del juez Griesa es criticado por expertos que consideran que contiene una interpretación discutible de una cláusula de trato igualitario para todos los acreedores.

b.- Los beneficiados son fondos que realizan una actividad especulativa legal, pero éticamente reprochable.

c.- Estos fondos aprovechan una falla del sistema financiero internacional, que permite que, luego de una reestructuración, puedan reclamar judicialmente la deuda original, poniendo en riesgo la reestructuración que debía solucionar un problema de excesivo endeudamiento.

d.- El Gobierno actuó con mucha firmeza, planteando que no realizaría ninguna oferta mientras el juez no repusiera la medida cautelar que permitiera completar los pagos a acreedores con deuda regular, o que no ofrecería nada por encima de lo ofrecido en los canjes de 2005 y 2010 (primero mientras durara la cláusula RUFO; desde la semana pasada, aparentemente, aun cuando esa cláusula haya vencido).

e.- Esta postura tan firme está llevando a que terceros, como bancos nacionales e incluso bancos internacionales, se involucren en el conflicto para tratar de revertir el default sin que el Gobierno tenga que ceder a su postura de no pagar por encima de lo ofrecido a quienes ingresaron a los canjes.

Y podrían citarse elementos en contra como:

a.- Su intransigencia llevó a que fracasaran las negociaciones, incluyendo las de los bancos, cayendo en un default “selectivo” (es decir, por ahora sólo en el caso del bono Discount de legislación extranjera), con los impactos negativos que genera un default, en una economía que justamente necesitaba, más que en los últimos años, financiamiento externo.

b.- Si el problema era la cláusula RUFO, podría haber cumplido con la sentencia entregando bonos, para no hacerlo al contado, sin dejar posibilidad de que se alegue que hubo propuesta voluntaria (para evitar aquella cláusula), o incluso podría haber hecho el intento de que los propios acreedores con deuda regular solicitaran la eliminación de esa cláusula.

c.- La postura actual, de que nunca pagará algo por encima de lo ofrecido en los canjes de 2005 y 2010, hace sospechar que el Gobierno se niega a cumplir con el fallo judicial, usando la cláusula RUFO sólo como excusa.

d.- La postura del Gobierno implica incumplir un fallo judicial, que debería ser respetado por tratarse de la jurisdicción legal elegida al momento de emisión de los bonos involucrados.

e.- Es arriesgada la estrategia del Ministro Kicillof, de “tercerizar” la solución del problema, dejando que bancos y empresas evalúen cuánto perderían de mantenerse el default, y cuánto les cuesta comprar el juicio a los buitres, recibiendo a cambio sólo títulos de la reestructuración, es decir, con una quita del 65%, para que decidan si les conviene comprar o no el juicio.

En ambos listados podrían incluirse otros elementos, manteniéndose la conclusión: una postura definida, a favor o en contra del Gobierno, requiere poner sobre la balanza elementos opuestos, siendo bastante difícil acordar qué importancia darle a cada uno para que la balanza se incline hacia uno u otro lado.

Si el lector forma parte de los argentinos que sienten que les cuesta aplaudir o criticar al Gobierno por este tema, no debería preocuparse.

Probablemente está analizando objetivamente un fenómeno complejo, plagado de matices.

LA VOZ DEL INTERIOR

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